Humahuaqueño hizo llorar a los coreanos con papel

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Qué obra de arte une a ambos Continentes. Conocé la historia.Dos océanos y tres continentes; miles de kilómetros. De Humahuaca a la Corea del Sur hay algo más que distancia geográfica, hay un abismo cultural. Sin embargo, la conciencia milenaria de los orientales y la sabiduría de los autóctonos quebradeños tiene mucho en común desde 2009, gracias a una pequeña pieza de escultura nacional. Se llama El Misachico, una suerte de pesebre propio del norte argentino.

Humahuaqueño hizo llorar a los coreanos con papel

Vaya a saber si los coreanos entendieron el mensaje desde lo más profundo de un lugareño, pero Miguel Mendoza, su creador, está orgulloso igual. Es que, en ese mismo año, la obra fue solicitada por los organizadores de la Competencia Mundial de Cerámica a realizarse en Corea del Sur. “El llamado fue luego de que nosotros le obsequiáramos una réplica a Cristina Fernández durante su visita a la Fundación Hospital de Niños en Jujuy”.

A partir de allí El Misachico comenzó un periplo internacional de la mano de la Secretaría de Cultura y Turismo jujeña. En la competencia coreana ganó el premio a la Pieza más Especial del certamen y estuvo incluida entre las 40 mejores esculturas del evento. “Para nosotros imaginate que fue un primer puesto”, dice entre sonrisas Mendoza. Además, participó de galas en Europa, América y parte de Asia.
La obra, una representación de la misa chica (de ahí su nombre) que se lleva a cabo todos los domingos de Ramos en los cerros de la Quebrada de Humahuaca, donde los peregrinos trasladan a la virgen de Copacabana hacia Tumbaya, fue solicitada para formar parte del Museo de la Competencia Mundial, pero su autor lanzó un rotundo “no”.

“Pero no fue por puro capricho –sostiene- sino porque nosotros también tenemos nuestro propio museo y queríamos que regrese para conservar el patrimonio cultural”.

 

Ponerse en la cabeza de un coreano para entender una pieza con tanta simbología local suena casi imposible. Es por ello que El Misachico se expuso acompañado de una suerte de explicativo. Pese a ello, Mendoza perjura que no fue sólo la faceta simbólica y la artística lo que posicionó a la pieza entre las mejores del mundo.

Hay más: “Lo intangible en El Misachico es lo que ellos vieron como destacable. Ahí aparecen el amor, el dolor, el sufrimiento, la fe y la esperanza”, sostiene. O sea, cuestiones del idioma universal. Después de todo también se llora, se reza y se ama del otro lado del mundo.

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