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Estos son los tres mitos de la sexualidad masculina

Estos son los tres mitos de la sexualidad masculina

Aunque poco a poco se van dando las condiciones para aprender a pensarnos más allá de creencias machistas o feministas, todos los días nos estrellamos con mitos muy arraigados sobre el funcionamiento sexual masculino.

 

Estos son los tres mitos de la sexualidad masculina

Comenzar a derribarlos, que quede claro, no es solo una tarea de los hombres; también, de las mujeres. En ese propósito, me di a la tarea de revisar los testimonios de muchos de mis pacientes, así como cientos de correos de hombres al borde de la desesperación por sus dudas y su insatisfacción sexual, y seleccioné tres de los mitos más frecuentes sobre el desempeño de los hombres en la cama.
El inventario es mucho más largo, pero elegí estas tres creencias porque son, de lejos, las que más negativas resultan para los hombres y sus parejas. Espero que las palabras que siguen sean lo suficientemente útiles como para enriquecerlos en su relación de pareja y despojarlos de tantos conceptos equivocados, que terminan por hacerles daño a las relaciones.
Recuerden siempre que el sexo es para disfrutarlo, no para competir con ustedes mismos o con los demás.

1. Los hombres no fallan
Al pene se lo considera una máquina perfecta; por eso, de él se espera siempre que reaccione de inmediato al estímulo sexual, más allá de cualquier interferencia o situación desventajosa.
Lo primero que cabe decir es que ante todo somos personas y, como tales, vivimos influenciados por factores que pueden disminuir o bloquear nuestra respuesta sexual: conflictos con la pareja, preocupaciones diarias y estrés, procesos de duelo, baja autoestima, incomodidad con una situación o persona en particular, presiones externas, exigencias desmedidas, cansancio, alcohol, medicaciones y enfermedades, entre otros.
En ese orden de ideas, para que se produzca una erección y tengamos un cierto rendimiento sexual, es necesario que se produzcan unas condiciones mínimamente favorables.

 


La tarea de nosotros, los hombres, es darnos cuenta de qué cosas nos motivan y cuáles nos inhiben y, por supuesto, respetarnos sin exigirnos de más. Y recuerden siempre una frase célebre de la llamada ‘sabiduría del pene’: cuando el hombre no dice que no quiere o no tiene ganas, su pene lo dice por él.
2.  El responsable del placer de la mujer
Arrastramos desde tiempos inmemoriales con un esquema que hay que derribar: el del hombre activo y la mujer pasiva en el sexo, que trae implícita la idea de ella como objeto para el placer masculino.
Desde entonces, incluso luego de que se permitiera el goce de la mujer -primero en el marco de una relación de pareja-, la responsabilidad del placer de ellas ha estado depositada, para la mayoría de las personas, en la habilidad sexual del hombre. Se cree falsamente, por ejemplo, que si una mujer tiene múltiples orgasmos en una noche es porque el hombre “es bueno”, y si no los tiene, entonces es un “mal polvo”. Pues nada más falso: la primera responsable de su propio placer es la misma mujer, que debe aprender a conocerse, a explorarse, a pedir lo que le gusta y a poner límites a lo que no le produce placer. El rol del hombre es el de observar las reacciones de su pareja, ponerse en su lugar y actuar en consecuencia.

 


3.  Sin erección, no vale la pena seguir
Esta es una escena repetida, y quizás usted la haya vivido alguna vez. Por alguno de los motivos mencionados antes, el pene se ‘rebela’ y se niega a funcionar, o, tal vez, comienza bien, pero en algún momento pierde su rigidez. Lo más común en ese momento es que el hombre se ponga bravo y nervioso , se angustie y se sienta decepcionado de sí mismo.

 


A veces, la mujer es comprensiva y lo acompaña, pero hay ocasiones en que le echa más leña al fuego y le reprocha que no la complazca, o comienza un interrogatorio interminable para averiguar si el problema es que se acabó el amor o hay una tercera en discordia.
Son pocas parejas las que se toman la situación con naturalidad y, a pesar de eso, pueden seguir jugando, acariciándose, besándose y buscando otras alternativas para el placer sexual de ambos.

Pues eso es lo ideal: no armar un drama porque pasó y disfrutar, por esa vez, de otras formas. Que pase algo así es tan probable como que le salga una caries, así que no se deje llevar por la angustia y recuerde que tiene muchísimas otras opciones para disfrutar, más allá de un pene erecto.

Estos son los tres mitos de la sexualidad masculina

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