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Teatro con sombras

El origen del Teatro de Sombras se remonta a los tiempos del hombre prehistórico, cuando éste hacía sombras con sus manos y su cuerpo frente al fuego de las cavernas.

Ya en el siglo IV a.C. en el Mito de la Caverna de platón se nos presentan las sombras como indicadores de la realidad que no son ellas, pero que suponen el continuo recuerdo y referencia de esa realidad del ser. La sombra, a caballo entre lo real y lo ficticio, entre el ser y el no ser, a medio camino entre lo mágico y lo religioso, suponen la imagen más palpable del mundo de lo abstracto, del mundo de las ideas, de aquello que trasciende lo que nuestros sentidos perciben.

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Los orígenes del teatro de sombras

Las sombras chinescas son un juego popular y un arte que consiste en interponer las manos entre una fuente de luz y una pantalla o pared, de manera que la posición y el movimiento de las manos proyecta sobre la pantalla sombras que representan distintos seres en movimiento.
Las sombras chinescas no nacieron en China, a pesar de su nombre, sino en la isla de Java, aproximadamente unos cinco mil años A.C.

Concebidas originalmente como juego infantil, las sombras chinescas dieron vida al teatro de sombras que, procedente de Oriente, se popularizó en Alemania y Francia, y posteriormente en todo el mundo. Las sombras chinescas constituyen uno de los primeros esfuerzos por materializar el ancestral afán humano de reproducir el movimiento sobre una pantalla, y en este sentido pueden concebirse como un remoto antecedente del cine.

En Indonesia esta tradición se mantiene muy viva y continua estando ligada a los rituales y a la unión y comunicación con la comunidad.

Las marionetas las fabrican con piel de búfalo y son figuras muy estilizadas y caladas de distintos tamaños bellamente pintadas. Los personajes son héroes, princesas, dioses, gigantes, animales…

La pantalla es de tela de lino y la luz que utilizan una veces de lámpara de aceite (fuego) y otras luz eléctrica.

“Hubo un tiempo en que todos los muñecos fueron dioses, ancestros que vieron el origen del mundo para que se lo comunicaran a los mortales. Ellos vivieron como sombras y de sus propias sombras nació el teatro de sombras.”

El teatro de sombras llegó a Europa a través de las rutas de evangelización de los jesuitas. En 1772, Dominique Séraphin instaló su teatro de sombras en Versalles, en el que cosechó grandes éxitos. Asimismo, las compañías de funambulistas y cómicos italianas contribuyeron en gran medida a difundir este tipo de teatro por toda Europa.

En Europa, el teatro de sombras aparece en el S.XVIII en Francia con la romántica fascinación de las siluetas negras y revivió a principios del S.XX en el Cabaret del Chat Noir a con el teatro Seraphin.

En Europa el teatro de sombras experimental se desarrolló en Alemania por un grupo de artistas entre los que estaba Lotte Reininger y unen el teatro de sombras con el cine, el origen de la animación.

La sombra representa en casi todas las culturas el alma como ente separable del cuerpo y capaz de sobrevivirlo. Representa la fuerza oculta o espiritual de las cosas, su aura.

Es por ello que las sombras representan historias con una fuerte carga fantástica, por sus posibilidades de insinuar sin dejar ver, de deformar la realidad y dotarla de unas características que en otros medios sería difícil de conseguir.

La sombra nos traslada a un mundo informe, no creado, en donde se reflejan nuestras pasiones, nuestros miedos, nuestras divisiones interiores.

Esta en un plano intocable, inalcanzable. Para ejercer cualquier efecto sobre ella, es imposible dirigirse a ella de forma directa. Todo es sutil, es aparente, es de una causalidad superior. La sombra no se deforma directamente sino que se debe deformar el cuerpo o la fuente de luz que la manifiestan. La sombra solo es tocable en otra dimensión, la física.

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