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¿Vas a pedir el divorcio a tu esposa?

antes del divorcio

Al llegar a casa esa noche, encontré a mi esposa que me servía la cena, acercándome le tome la mano y dije: tengo algo que decirte.

antes del divorcioElla se quedó callada como presintiendo, la miré y ví dolor en sus ojos, de pronto no sabía como explicarlo, pero tenía que decirle lo que estaba pasando. De pronto dije “quiero el divorcio“, ella no pareció no sorprenderse ni enfadarse por mis palabras. Me preguntó suavemente ¿Por qué? sentenciando con su mirada y una frase que no olvidaré nunca ¡Tú no eres un hombre!

Esa noche no hablamos del tema, deje que llorará hasta dormir. Sabía que ella ansiaba saber que estaba pasando con nuestro matrimonio, pero no quise dar respuesta.

Sucedía que yo había llegado a “amar” a otra mujer, Juana. Tal vez por sentirme un poco abandonado, tal vez por la rutina, aunque quería a mi esposa sentía mucha lástima por ella así no quise explayarme sobre el tema.

Con un gran sentimiento de culpa redacté un acuerdo de divorcio, en el cual ella se quedaba con la casa, el auto y el 40% de nuestro negocio. Ella miró el acuerdo y lo rompió a pedazos.

Ella había pasado 10 años de su vida conmigo, ahora éramos como extraños. Le tenía lástima, por todo su tiempo perdido, su energía invertida en la relación, su paciencia en el hogar y cuidado de nuestro hijo… pero ya no podía cambiar, yo “amaba” a Juana.
De pronto empezó a gritar y a llorar como para desahogarse, era un llanto profundo y enfadado, sentí en su mirada la queja y el reproche. La idea del divorcio ahora era más clara para mí.

Al día siguiente llegué a casa y la encontré escribiendo en la mesa. No cené y me fuí a dormir porque estaba tan cansado del trabajo y por haber estado con Juana hasta tarde. Desperté horas mas tarde y ví que mi esposa todavía estaba escribiendo en la mesa, no le dí importancia y seguí durmiendo.

Temprano por la mañana mi esposa me entregó el documento con sus condiciones para el divorcio: No quería nada de mí, pero necesitaba un mes de plazo antes de hacer efectivo el divorcio y separación. Me pedía que por un mes tendríamos que vivir como si nada hubiera pasado y conducirnos con normalidad ante nuestro hijo. Su razonamiento era simple: era fin de año y nuestro hijo tenía todo ese mes de exámenes, no quería causarle problemas con nuestro divorcio. Yo estuve de acuerdo, pero había otra petición: me solicitaba que recordara la vez en la que la cargue a nuestro cuarto el día que nos casamos. Me pidió que por ese mes la cargara del cuarto hasta la puerta de salida de la casa todos los días.

Pensé que se estaba volviendo loca pero para que la fiesta fuera en paz, acepté.

Le conté a Juana lo que mi esposa me pidió, Juana se reía a carcajadas, le parecía un absurdo tal petición, a pesar de que sospechaba no le importaba que truco mi esposa usara, tendríamos que enfrentar el divorcio luego de ese mes.

Mi esposa y yo no teníamos contacto físico desde que exprese mis intenciones de divorcio, así que cuando la cargué el primer día hasta la puerta del frente, los dos nos sentimos mal. Nuestro hijo caminaba emocionado detrás aplaudiéndonos y decía; ¡papá está cargando a mi mami en sus brazos!

Sus palabras me causaban dolor. Caminé los diez metros con mi esposa en brazos, ella cerró los ojos y me dijo en voz baja, no le digas a nuestro hijo del divorcio y no te muestres ajeno en el hogar por estos días. Asentí con la cabeza algo disgustado y la bajé al llegar a la puerta para luego subir al auto e irme al trabajo rápidamente.

Al segundo y tercer día ambos estábamos más relajados, ella se apoyó en mi pecho, pude sentir la fragancia de su blusa. Me dí cuenta que hacía mucho tiempo que no la miraba detenidamente. Me dí cuenta que ya no era tan joven, le habían aparecido algunas ligeras arrugas, alguna que otra cana… ¡Se notaba ya el daño en nuestro matrimonio! y me pregunté ¿Qué le hice?

El cuarto día la cargué nuevamente, sentí que la intimidad estaba regresando entre ambos. Ésta era la mujer que me aceptó como era antes, la mujer que me dió un hermoso hijo y apoyo durante 10 años de su vida.

El quinto y sexto día seguía creciendo nuestra intimidad. No le dije nada a Juana al respecto. Cada día era más fácil cargar a mi esposa y el mes se iba rápidamente. Sentía que me estaba acostumbrando a cargarla y me parecía más ligero cargarla todos los días.

Una mañana ella estaba mirando que vestido ponerse, se había probado muchos trajes pero no le servían, quejándose dijo: mis vestidos me quedan grandes… y fue ahí que me dí cuenta había adelgazado, también era la razón de lo ligero que era cargarla.

De pronto me dí cuenta que ella se había tragado mucho dolor y amargura, sin darme cuenta toqué sus cabellos. Nuestro hijo entró al cuarto y dijo; papá llegó el momento de que cargues a mamá hasta la puerta.

el divorcio y los hijosPara mi hijo ver a su padre día tras día cargar a su mamá hasta la puerta se había convertido en una parte esencial de su vida.

Mi esposa lo abrazó, volteé la cara sintiendo temor y vergüenza de mi proceder y de que cambiara mi forma de pensar sobre el divorcio

Luego de un tiempo el cargar a mi esposa en brazos hasta la puerta se sentía igual que el día de nuestra boda. Ella acariciaba mi cuello suavemente y con naturalidad, yo la abrazaba fuertemente ¡Igual que en nuestra noche de bodas! La abracé y no me moví! pero la sentí tan liviana y delgada que me dió tristeza.

El último día igual la abracé y no quise moverme, no me di cuenta que ya teníamos intimidad entre nosotros. Mi hijo estaba por salir a la escuela, así que debimos irnos y continuar el día cada quien en lo suyo.

Esa misma tarde, llegué a la casa de Juana, me abrió la puerta y le dije a toda prisa: Discúlpame, lo siento, no quiero divorciarme de mi esposa. Juana me miró asombrada, me preguntó si estaba enfermo? yo solo pude decirle: Mi esposa y yo nos amamos, lo que pasó fue que entramos en rutina y no valoramos los detalles de nuestro hogar, desde que empecé a cargarla me dí cuenta que la quiero cargar por el resto de nuestras vidas…

Juana empezó a llorar, me dió una bofetada y tiró la puerta. Me fuí rápidamente manejando hacia la florería más cercana para llevarle un ramo de rosas a mi esposa.

La joven en la florería preguntó; ¿Qué le escribo en la tarjeta?
Mi respuesta fue: Te cargaré todas las mañana hasta que la muerte nos separe.

Llegué a casa con las flores en las manos y una sonrisa en el rostro, corrí, subí las escaleras y entré… solo para encontrar a mi esposa ¡Muerta!

Mi esposa había estado batallando contra el cáncer… y yo había estado tan ocupado con el trabajo, con Juana, que no había dado cuenta.

Mi esposa sabía que estaba muriendo, por eso me pidió un mes de aviso antes del divorcio, para que nuestro hijo no quedará con el trauma del divorcio, y tuviera un buen recuerdo de la relación de su padre con su madre, ya que sería yo quien quedaría con él.

Mi esposa fue una verdadera mujer.